Buenas noches. Miércoles, 26 de julio de 2017
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PACO EL CARPINTERO


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A finales del siglo XIX un vecino de Azuelo montó una carpintería-tonelería para cubrir las necesidades que en trabajos de madera necesitaban los demás vecinos.

Saturnino, que así se llamaba el hijo del carpintero de Azuelo, en el año 1.920 compró en Bargota un “malacate” y lo utilizó como fuerza motriz de la carpintería.

El “malacate” es un sistema motriz accionado por un mulo al que tapaban los ojos con unos quitapones. El mulo giraba moviendo un gran piñón de un diámetro de diámetro y cien dientes que transmite el movimiento por medio de poleas de madera y correas de cuero a una sierra de cinta, un molino triturador de grano, y una cepilladura combinada con sierra-taladro.

Heredó la carpintería un hijo de Saturnino, Francisco Aristimuño Carlos, PACO EL CARPINTERO, que además de carpintero, fue lucero, molinero, peluquero y “sastre”. Como carpintero hacía marcos, puertas, ventanas, escaleras, mangos y cualquier utensilio que se demandase, además de preparar suelas y cabrios para echar pisos y tejados en la construcción de casas y pajares. Como lucero era el encargado de encender las bombillas que alumbraban en las esquinas de las calles, muchas veces blanco de las pedradas de los mocetes y los mozos. Como molinero, haciendo uso del malacate, molía cebada para los cochos. Como peluquero esquilaba a todos los varones del pueblo, desde los niños hasta los abuelos con sus maquinillas del cero, del uno o del dos, a gusto del cliente. Como “sastre” era el que a todos los que fallecían en el pueblo, preparaba caja a su medida.

La carpintería, tanto cuando la sierra funcionaba, como al anochecer cuando se transformaba en peluquería, era centro de reunión y tertulia de los hombres que contaban verdades, menos verdades y chascarrillos que a más de uno hacían sonreír socarronamente.

Un día Paco se jubiló; sus hijos, al igual que todos los mozos del pueblo, se fueron a la capital y la carpintería se quedó sin carpintero y sin macho que moviese el malacate. La carpintería no podía desaparecer, y si en su día se llevaron al Museo Diocesano de Pamplona una estatua en alabastro del patrón de los carpinteros, San José, metido en un saco, que buenos lloros le costó a Aurea la sacristana. ¿Por qué no llevarse también la carpintería al Monasterio de Irache? Sí, allí se la llevaron, al Museo Etnológico de Navarra. Allí está esperando pacientemente a que se terminen las obras de este museo y a que sea instalada tal y como estaba en Azuelo. Allí iremos los de Azuelo y todos los navarros a ver como funciona el malacate. La única carpintería mecánica de todo Navarra cuya fuerza motríz para hacer trabajar todas las máquinas, era la fuerza del macho de Paco.

Durante la primera quincena del mes de julio de 2.004, por gentileza del Museo Etnológico de Navarra y la colaboración de la Asociación Santa Engracia vamos a poder admirar en una exposición en el Centro cívico de Azuelo, parte de las máquinas y herramientas de la carpintería de Paco en un homenaje que le vamos a hacer a nuestro carpintero.


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