Buenas noches. Martes, 21 de agosto de 2018
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JAVIER “EL TEMPLAO”

El día 8 de mayo de 2018 falleció en Vitoria el azueluco Javier Pascual Fernández a los 86 años de edad.

Javier “El de Casquín” ha sido uno de aquellos azuelucos “desertores del arado” que abandonaron Azuelo a finales de los sesenta cuando llegó la mecanización del campo con los tractores, aterrizando en la fábrica de camionetas DKW de Vitoria hasta su jubilación.

Javier se desposó con una azueluca, Agustina Díaz de Cerio Lacalle y tuvieron dos hijos, Javi y Maribel.

Javier de carácter jovial, parco en palabras y notable flema, parecía que medía sus palabras antes de pronunciarlas. Sus máximas siempre eran sugerentes y cargadas de notas filosóficas. Una filosofía popular, que no se aprende en los libros sino en la observación del día a día de la vida. Fumador empedernido, al que siempre podíamos ver con un purillo en su mano o en la comisura de sus labios.

En Azuelo, a Javier todos lo conocemos como “El Templao”, aunque sabemos que tuvo otros apodos y otros que se le podían haber puesto. En la mili sus compañeros le llamaban “El Eléctrico”; nos enteramos porque un día apareció un señor en Azuelo preguntando por un tal Javier que hizo la mili con él y no se acordaba del apellido pero sí del apodo, “El Eléctrico”. Lo llevamos a casa de Javier por si era él, el buscado. Cuando se vieron se fundieron en un abrazo, hacía más de sesenta años que no se veían. Así fue como nuestro “Templao” se transformó en “Eléctrico”. Bien le podíamos haber llamado “El Séneca de Azuelo” por su filosofar. Otro apodo podía haber sido “Torito nevao” por su vena cantora; todos los años el Día de Nuestros Mayores en la sobremesa entonaba con gran afinamiento y mayor sentimiento la canción de Pepe Mairena, “Torito nevao”, que tan bien había aprendido en sus años mozos y que todos escuchábamos con gran agrado. También le podíamos haber llamado “El vigía de Azuelo”, luego diremos por qué.

Javier se fue a Vitoria, pero su pueblo fue siempre Azuelo. Aquí venía todos los fines de semana y las vacaciones hasta que su avanzada edad no le permitió conducir su Opel Kadet. Aquí tenía su casa, aquí tenía la atalaya de Peñahincada desde donde sentado en una gran piedra, “El banco del Templao”, admiraba y vigilaba Azuelo y todo el Valle de Aguilar bajo la sombra de la Sierra de Codés durante horas y horas mientras se fumaba un purillo o más de uno con su sobrino Jesús Mª que era el que lo subía allí con su quad. Otras veces era otro sobrino, Alberto, quien lo paseaba con el quad por los caminos de Azuelo aterrizando en la Fuente de San Martín, en el corral de Casquín, en el corral de Ganuza, en la Choza de los Pastores o en la fuente de Fuentesfrías.

Javier fue socio de nuestra Asociación Santa Engracia desde que se fundó en el año 1975 hasta su fallecimiento. La Asociación le rindió homenaje como labrador de Azuelo el año 2.008 entregándole dos espigas de trigo en vidrio.

Javier, “El Templao” ha sido un personaje peculiar en Azuelo, testigo de un pasado reciente cuando nuestro pueblo se mantenía con una economía de subsistencia, lo comido por lo servido, que soportaba una alta población, cuando todas las casas estaban abiertas y llenas de gente, incluso en alguna hasta vivían dos familias. Hoy la economía es más boyante pero la población es muy escasa; la mayoría de las casas del pueblo están cerradas. ¡Ojalá! La casa del Templao no se cierre y se siga abriendo al menos los fines de semana y en verano por su mujer Agustina o sus hijos.

Javier ha fallecido y con él se ha ido algo de lo poco peculiar que quedaba en Azuelo. Basta para ello recordar tres de sus múltiples anécdotas que en las tertulias de la Sociedad o de La Ribaza o de La Rinconada él contaba.

Siendo niño, un día frío de invierno su hermano mayor Francisco, ”El Rojillo” le reprendió cuando llegó de labrar porque no había bajado paja para el ganado, que era la tarea de los niños, y cuando le preguntó qué es lo que había hecho durante todo el día. Le contestó Javier con gran flema: “Soplarle a la lumbre”. Todo el día soplándole a la lumbre! Le espetó El Rojillo. Sí, todo el día, le volvió a contestar el Templao.

Siendo joven bajó a Fiestas de  Armañanzas con su cuadrilla en bicicletas; en alguna bicicleta iban tres, uno en el sillín, otro en la parrilla y otro en la barra o en el manillar. Aconteció que los mozos de Armañanzas y Bargota se llevaban mal por cortejos de mozas. El Templao y su cuadrilla entraron al zurracapote de los mozos de Armañanzas y estando solos en el chabisque no se les ocurrió mejor cosa que vaciar la cuba del zurracapote, Decía Javier, la cuba al vaciarse hacía “Guaap! Guaap! Guaap!. Ellos salieron rápidos del chabisque, después de la que habían preparado y cuando entraron los de Armañanzas y vieron la fechoría, les echaron la culpa a los de Bargota liándose a mamporros con ellos. Los de Azuelo, por si las moscas, cogieron las bicicletas y para arriba a toda pastilla.

Siendo mayor, alrededor de sus ochenta, Javier fue al médico porque le dolía mucho una pierna. El médico le espetó ¡Qué quiere ud. con ochenta años!. El Templao recurrió a su filosofía y le contestó al doctor. Mire ud., esta pierna tiene también ochenta años y no me duele, así que lo que quiero es que esta otra que tiene los mismos años no me duela, ¡Eso es lo que quiero!.

Javier será recordado en Azuelo durante muchos años. Ha dejado gratos recuerdos en quienes lo han conocido. Algunos lo seguiremos recordando echándose la siesta en la hamaca en la puerta de su casa en La Ribaza y pasaremos con sigilo a su lado para no despertarlo. Hoy enviamos desde aquí un abrazo a su esposa Agustina, a sus hijos Javi y Araceli, y Maribel, a sus hermanos Araceli, Antonio y Miguel, y a todos sus familiares y les decimos que les acompañamos en el dolor que su fallecimiento les ha ocasionado. Mas recordemos a Javier tal como era. Va por ti ¡TORITO NEVAO!

TORITO NEVAO  (Pepe Mairena)

 

Ya está el torito apartao

para la feria de Utrera,

bonito y bien encastao

envidia de la ribera.

Y es mi torito, toro nevao

envidia de la ribera.

Y es mi torito, toro nevao

 

Lo tengo apartao.

Y cuando le digo torito nevao

se viene conmigo,

se viene a mi lao

¡Ay pena penita pena

del toro nevao!

 

Soy el mejor ganadero

del campo de Andalucía,

mis toros son los más bravos

y de más noble porfía

 

Ese que tengo apartao

yo quisiera, yo quisiera

que fuera bien toreao

que no sufriera y sufriera

este torito nevao

 

Suspenda ud, la corrida

¡Por Dios señor presidente!

¡Suspenda ud,. la corrida!

Y a ese torito valiente

que no le quiten la vida,

a ese torito valiente

que no le quiten la vida, 

 

La gente aplaudia

y lo perdonaba por su valentía,

y yo lo llamaba y a mí se venía

dejando en la arena su sangre bravía

 

Soy el mejor ganadero

del campo de Andalucía,

mis toros son los más bravos

y de más noble porfía.

 

Y ese que tengo apartao

 yo quisiera, yo quisiera

 que fuera bien toreao

 que no sufriera y sufriera

 ese torito, ¡TORO NEVAO!

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